¿Por qué fascina tanto la muerte y la violencia a los internautas? La filósofa franco-italiana Michela Marzano nos desvela las razones del morbo en la red.
Matanzas de adolescentes que premeditaban su plan durante meses, escenas violentas grabadas con móviles o cuerpos muertos y sangrientos son imágenes diarias en los informativos de todo el mundo.
Para Michela Marzano, autora de "La muerte como espectáculo", estamos en una sociedad en la que "tenemos que ver para creer". La razón es simple: sospechamos de todo y pensamos que son "complots" porque hemos perdido la legitimidad y la confianza en la palabra. Ya no creemos en las autoridades ni políticas, ni mediáticas, ni periodísticas.
La curiosidad y el voyeurismo han ido ganando terreno a la frivolidad en una sociedad en la que la información es veloz y constante. La imagen es primordial en un mundo en el que fotografías y vídeos se han convertido en la cotidianeidad de cada uno.
El fácil acceso a internet y las pocas restricciones para compartir imágenes ha facilitado el auge de vídeos violentos y de foros comentando unos hechos que muestran como algunas personas pierden la vida frente a una cámara.
¿Qué nos lleva a ver cómo matan a alguien mientras nosotros estamos al otro lado del ordenador? Marzano cree que la curiosidad es una de las principales razones pero también sentimos la necesidad de crear una distancia entre nosotros y este sufrimiento o dolor.
Hasta ahora las imágenes duras testimoniaban sobre capítulos históricos marcados por la crueldad y la muerte como la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día el propósito es totalmente diferente: se crean estas imágenes sólo para difundirlas.
Un problema temporal
A partir de la década de los 70, empezaron a surgir las llamadas "snuff movies", unas grabaciones de asesinatos reales que sin ayudas de efectos especiales ni trucos se distribuían para entretenimiento.
Y aunque aún existe la duda de si estas imágenes son reales o no, inspiraron filmes como "Hardcore" (1979) de Paul Schrader; "Tesis" (1996) de Alejandro Amenábar; y "8 mm" (1999) protagonizada por Nicolas Cage.
Desde el origen de la humanidad, ha habido momentos de violencia, una característica del ser humano. "Hay una tentación hacia la barbarie que desde siempre ha hecho parte de la naturaleza humana", explica Marzano, quien cree que "el problema es evitar esta barbarie".
Tiene que haber un sobresalto "ético y moral" frente al sufrimiento del otro en una etapa contemporánea en la que las personas somos individualistas y únicamente nos importa nuestra propia vida personal y privada.
¿Cómo comprender que haya público para unas imágenes de una crudeza y frialdad extrema? Para poder escribir su ensayo, la autora consultó decenas de vídeos y lo más duro fue tener el sentimiento de estar contribuyendo a la producción además de asistir a una muerte en directo.
"Cuando más se ven estas imágenes más nos alejamos de ellas", explica Marzano, quien afirma que una "costumbre" se instala al ver tantos vídeos. El problema está claro: la razón por la cual hay un público acostumbrado a ver violencia y se toma el derecho de matar a otras personas. Tensiones políticas, choque de civilizaciones o el simple goce de lo mortal son algunas de las razones.
Existe una trivialización de la muerte, como si la vida de los seres humanos hubiese perdido importancia porque nos hemos acostumbrado a las personas que sufren, gente que muere y mientras "no me toca a mí, ni a nadie próximo, es algo que no me incumbeCortesia de TERRA.

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